Sonora. – Lo que comenzó como una jornada común dentro del centro de reclusión juvenil en Sonora, se convirtió en una escena tensa y simbólica: un centenar de jóvenes internos escalaron hasta los techos de los edificios, alzando la voz y el cuerpo en protesta por sus condiciones de internamiento.
Desde lo alto de la estructura, con el sol de Sonora sobre ellos y bajo la mirada atenta del personal de seguridad, los jóvenes reclamaban lo que consideraban un derecho mínimo: mejor infraestructura, condiciones higiénicas dignas, alimentación adecuada y atención médica real.
El ambiente se tornó tenso. Las alarmas internas se activaron. En medio del caos controlado, un comandante resultó lesionado, según reportes del medio Proceso. Aunque no hubo enfrentamientos mayores, el mensaje fue contundente: el encierro no puede justificar el abandono.
El motín dejó daños materiales visibles, pero sobre todo, expuso fisuras profundas en el sistema de justicia juvenil. Los techos se convirtieron en una tribuna improvisada, donde los reclamos de quienes pocas veces son escuchados encontraron eco, aunque fuera por unas horas.
